martes, julio 27, 2004

El hombre tenia los labios muy finos, la piel muy blanca. Detras de los anteojos caia su mirada dura. Los anios de su cuerpo hacian ver mas miserable su existencia.
Y puteaba.
Murmuraba asperos sonidos y de pronto gritaba insultos a quien se le cruzara.
Me hubiera gustado tranquilizar su alma. Juntar sus manos, ponerlo a dormir, acunarlo.
Pero no, tenia un muro casi invisible y una molestia permanente.
Deambulaba por las calles solo carne y huesos.