Estas ansiosa por que sus manos se prendan a tu cuerpo con pasion, que deje la modorra que lo controla y empieze a deleitarse con tu piel. Esperas con euforia el minuto en que sabra tocar ese punto exacto que te adelante a la cima. Sin embargo sus yemas nunca llegan al lugar preciso ni con la velocidad asegurada, ni su lengua persigue el deseo que hay en ti. Hasta que escuchas en la oscuridad de la habitacion las palabras que nunca quisiste oir: "Es muy complicado y tengo suenio..."
Perdida en Roma
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