martes, agosto 24, 2004

Aveces me pregunto que hubiera pasado si sus ojos no hubieran perdido la chispa, si sus labios hubieran seguido suspirando y el lunar en su mejilla no perdiera el encanto.
Fue tan abrupto el cambio (y yo tan lenta) que no pude adaptarme a los hechos. La adolescencia hace estaragos. Es como un muro que hay que saltar y en el te vuelves mas delgad*, te rasgunias las piernas y aveces apenas cruzas y te caes de nariz al otro lado, que no siempre puede llamarse adultez.
Ella era tan bonita, sus labios carmesi, sus ojos como perlas, su pelo que caia en grandes risos sobre los hombros. Su figura alegre, sin saltos, tranquila.
La primera vez que note que algo raro estaba pasando fue cuando un dia percibi su nariz anguilenia, fina, puntiaguda, que se proyectaba huesudamente desde los finos rasgos de su rostro. Luego la cara se le fue chupando, los labios apretando y los ojos que un dia brillaban con intensidad quedaron opacos. Para ese entonces yo ya estaba muy lejos.