viernes, marzo 11, 2005

Ciudad de Freekis

Subo al omnibus en la maniana y me siento en uno de los 9 asientos para lisiados. A mi izquierda una mujer lee un pequenio libro en polaco. En el fondo alguien grita incomprensiblemente en un ingles con acento de las comunidades negras gringas. Cerca de la chofer que permanece tras su pequenia fortaleza sin saber del mundo a sus espaldas, una mujer comienza a pedir a gritos que el hombre del fondo se calle. En frente mio una mujer de no mas de 1 metro, con rasgos indiados y que parece haber sido inflada hasta casi reventar me mira mientras una ninia a su lado da vueltas en su asiento. En el pasillo variados personajes con pelos de colores que van del violeta al amarillo pasando por el naranja y cortados con tijera de podar, caminan, retroceden, se paran mirando hacia adelante. Un chico negro con dos trenzas cayendo desde su nuca se para en la puerta del medio. Con su mano izquierda sostiene el pantalon que se le cae y con la derecha se agarra al pasamanos. Sus ropas podrian servir a una persona que tenga 5 veces su tamanio. Varios de los que estan sentados seguramente han pasado en algun momento corriendo la frontera con mexico, esperando librarse de las patrullas y persiguiendo un suenio de vida mas digna en California. Entre tod@s ell@s estoy yo. Sentada junto a mi companiero, venida de un pueblo grande al sur de America.

Calzo a la perfeccion.