martes, julio 27, 2004

El hombre tenia los labios muy finos, la piel muy blanca. Detras de los anteojos caia su mirada dura. Los anios de su cuerpo hacian ver mas miserable su existencia.
Y puteaba.
Murmuraba asperos sonidos y de pronto gritaba insultos a quien se le cruzara.
Me hubiera gustado tranquilizar su alma. Juntar sus manos, ponerlo a dormir, acunarlo.
Pero no, tenia un muro casi invisible y una molestia permanente.
Deambulaba por las calles solo carne y huesos.

Qué puedo hacer
Mi único deseo

es observar los pájaros
que revolotean
frente a la ventana.
He desconectado el teléfono,
mis seres queridos no podrán comunicarse,
mucho menos atraparme en la cárcel
de sus pequeñas miserias cotidianas.
Les advertí que el pozo se había secado.
Ellos no quieren entenderlo. Insisten.
En un momento como éste
no podría resistir la buena nueva
de un auto que necesita arreglos,
ni que me recuerden la cuota vencida
de esa casa rodante que ya pagué hace meses.
Me olvidaba
del cuento del hijo que viajó a Europa
y le escribe a su desconsolada madre
que no la volverá a ver nunca
si yo no me hago cargo de sus deudas.
Mamá también quiere hablar conmigo,
recordar nuestro mutuo amor,
la leche que bebí en mi niñez,
los sacrificios realizados.
“Estas cosas deben tener algún valor,”
repite constantemente.
Ella necesita dinero para mudarse.
Ahora quiere regresar a Sacramento.
Yo ya no recuerdo cuántas veces se mudó
en los últimos años, quizás veinte.
Hoy en día todos
creen que la suerte está en el sur.
Yo sólo pido que me dejen respirar.
Debo curar las heridas que anoche
me produjo la dentadura de un perro.
Y luego deseo mirar los pájaros
que no piden absolutamente nada
se conforman con el sol y la brisa.
Tengo que conectar el teléfono
hablar con los miembros de mi familia
aclararles mis conceptos de lo que está bien,
explicarles hasta dónde pueden llegar.
Una docena de pajaritos
no más grandes que tazas de té descansan en las ramas que acarician
los cristales del ventanal.
Repentinamente dejan de cantar
estiran sus cuellos hacia el firmamento.
Ellos no comprenden la situación.
Se zambullen en un vuelo prolongado.

Raymond Carver

viernes, julio 16, 2004

Federico Garcia Lorca

Viento del Sur,
moreno, ardiente,
llegas sobre mi carne,
trayéndome semilla
de brillantes
miradas, empapado
de azahares.

Eu amo tudo o que foi,
Tudo o que já não é,
A dor que já me não dói,
A antiga e errônea fé,
O ontem que dor deixou,
O que deixou alegria
Só porque foi, e voou
E hoje é já outro dia.

Fernando Pessoa, 1931.

Quiero escribir, gritar con toda mi furia esta carcel que llevo adentro. Deseo perderme entre los numeros que circulan la internet, colgarme de un misero momento que seguramente nadie usara.

Estas ansiosa por que sus manos se prendan a tu cuerpo con pasion, que deje la modorra que lo controla y empieze a deleitarse con tu piel. Esperas con euforia el minuto en que sabra tocar ese punto exacto que te adelante a la cima. Sin embargo sus yemas nunca llegan al lugar preciso ni con la velocidad asegurada, ni su lengua persigue el deseo que hay en ti. Hasta que escuchas en la oscuridad de la habitacion las palabras que nunca quisiste oir: "Es muy complicado y tengo suenio..."